FUGIR PARA LADO ALGUM


Artistas: Carlos Maciá | Suso Fandiño | Irene de Andrés | Fermín Jiménez Landa | Nacho Martín Silva | Diego Vites | Ángela Cuadra | Christian García Bello 


Comisario: Ángel Calvo Ulloa

 

 

Pedalear sobre una bicicleta estática es de algún modo viajar a ninguna parte. Sin embargo el trayecto está ahí, y la experiencia es, como remarcara Constantine Cavafy[1], el destino mismo de nuestro viaje.

Se pregunta Adam Phillips[2] ¿Por qué nos seduce tanto la idea de la huida, y sin embargo despreciamos a los que huyen? ¿Por qué es normal que la gente quiera escapar? ¿Qué hace la gente una vez que ha escapado? Huir a ningún lugar busca arrojar luz con respecto al acto creativo, a la capacidad o intento de evasión que supone sacar adelante un trabajo por medio del cual el artista encuentre esa brecha por la que abandonar temporalmente su cautiverio. Sin embargo, como en el caso de Houdini –al que Adam Phillips dedica su obra-, la evasión es momentánea y geográficamente apenas se desplaza de su punto de partida. El modo de operar de Houdini daba por sentado que la verdadera aventura era liberarse, más que estar libre.

 

Carlos Maciá y Nacho Martín Silva parten de la imposibilidad de sacar adelante un trabajo. Su obra es fruto de un impulso que deja por el camino decenas de pinturas inacabadas. En este caso, las piezas presentadas son dos extraños rescates. Por un lado, el alto componente gestual de Carlos Maciá dejó un número reducido de piezas fallidas en su serie Air Click sobre las que volvió posteriormente. Así, esta pieza número 32 gozó de su segunda oportunidad que muestra ese proceso de búsqueda, en ocasiones un juego de ensayo-error sobre el que agota todas sus posibilidades. Nacho Martín Silva comenzó una versión de La Primavera de Jean-François Millet el pasado año. La idea de representar el arcoíris lo sedujo y ante el fracaso, decidió mostrar al espectador su intento. El resultado es un cuadrado negro que oculta esa pintura y un cuadrado gris que supone la representación basándose en una fotocopia del detalle del arcoíris de la obra de Millet. La Primavera de Millet es un atarse de pies y manos frente al cuadro. Lo que podría pasar a engordar la lista de descartes, sale de su estudio dispuesto a representar el error, el no haber sido capaz y al mismo tiempo el asumirlo.

 

Suso Fandiño, Irene de Andrés y Ángela Cuadra proponen un tipo de viaje temporal y geográfico. Irene de Andrés nació en un destino vacacional, en la isla de Ibiza, un lugar del que el turista espera básicamente sol y fiesta. Su investigación se centra en ese tipo de destinos y en el ocio como lugar de trabajo. Así, sus viajes a ese lugar son la excusa para plantear obras en las que conocemos la situación geográfica, pero existen ciertos detalles que nos confunden. Sin embargo, todo remite al mismo lugar, ese del que ella proviene y al que pretende dotar de unas características que posibiliten la evasión. El caso de Ángela Cuadra implica un objetivo más plástico, utilizando el collage y las fotografías de revistas para trabajar sobre la huida momentánea a la que se puede aspirar desde las cuatro paredes de un estudio.

Suso Fandiño configura la narración partiendo de una serie de libros de aventuras rescatados de la infancia de amigos y familiares. El hecho de que estos libros recuperados perteneciesen casi en su totalidad al género de aventuras sorprendió a Fandiño, que analiza aquí la necesidad y la capacidad para evadirse que demuestran los niños.

 

Fermín Jiménez Landa y Diego Vites trabajan en base a una huida disparatada. Vites, pintor, da vueltas a una piscina con una barca hinchable. Quizás recordándonos nuevamente esa labor en ocasiones ingrata del artista, buscando una salida improbable y al mismo tiempo dejando esa acción que esboza una sonrisa en el espectador. Jiménez Landa utiliza en clave irónica un episodio muy habitual en la España de la dictadura de Franco. Cruzar los montes Pirineos para, una vez en Francia, ver una película erótica en un cine o aprovechar el viaje para cruzar la frontera con tabaco de contrabando. Como en el caso de Houdini, se trata de una huida momentánea para regresar de nuevo horas después.

 

Como punto y final de esta propuesta, Christian García Bello echa mano de un verso de Antonio Machado (1875-1939), Un golpe de ataúd en tierra es algo perfectamente serio, y plantea una instalación en base a la relación de una serie de elementos cargados de una simbología fúnebre –la madera de pino, los golpeadores, los clavos o el cuero- con su propio cuerpo. Podría tratarse de un último viaje, del que realizamos en el momento de la muerte.

 

 

 



[1] Itaca te brindó tan hermoso viaje. | Sin ella no habrías emprendido el camino. | Pero no tiene ya nada que darte.

[2] Adam Phillips, La Caja de Houdini, Anagrama, Barcelona, 2001.

Fugir para lado algum | foto: Miguel Calvo
Fugir para lado algum | foto: Miguel Calvo
Fugir para lado algum | foto: Miguel Calvo
Fugir para lado algum | foto: Miguel Calvo

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