FERNANDO GARCÍA. INTERIORES

Comisariado: Ángel Calvo Ulloa

 

Una de las imágenes con que Fernando García ilustra esta exposición muestra una ventana abierta al exterior. Sobre su alfeizar descansan una serie de frutas, hojas y cuencos de miga de pan modelados a mano. Tomada desde el interior de una estancia que presumiblemente se corresponde con uno de los estudios temporales en los que ha trabajado el artista, la imagen encuadra el vano en una diagonal que registra el reflejo del cristal y muestra el exterior de una calle perteneciente quizás a un pequeño núcleo urbano que, por la arquitectura que se adivina, responde a una estructura de carácter rural. Fernando García presenta en el CAB una selección de trabajos en los cuales esa dicotomía exterior / interior articula un paseo a través de las tres salas que albergan esta exposición.

 

En la primera sala nos recibe Rambla, una instalación conformada por veinticuatro tablones de madera de tres metros de alto, apoyados en vertical, de canto sobre las paredes izquierda y derecha –las más largas de esta primera estancia- y a una distancia idéntica entre ellos. Cuando accedemos al espacio, descubrimos que en la cara interna de cada uno de los tablones se sitúa, a una altura de alrededor de dos metros y medio del suelo, una rosa cuyo tallo se inserta en la pared y cuyo cometido es aparentemente soportar el peso de la madera. El conjunto custodia el espacio, remarcando una profundidad que invita a iniciar el recorrido por una estancia en la que se produce un avance rítmico como el que genera una columnata de soportales. Su título, Rambla, y las rosas que se ocultan tras cada uno de estos maderos, invierten esa sensación mínima que nos recibe y nos lleva a repensar el título en base al trayecto y a la relación entre las rosas y las líneas verticales que convierten la sala en un paseo que se pierde a lo lejos.

 

Esta primera estancia es cruzada por una línea que, partiendo de la pared derecha, desaparece a través del vano que comunica las tres salas y que hace las veces de reclamo que nos lleva a continuar cruzando la pasarela, para introducirnos en el segundo espacio.

 

En este segundo espacio se presentan dos nuevas instalaciones, Godofredo y Contraventanas; la primera surge a partir de decenas de racimos de uvas, desecados y apoyados sobre hileras de piedras recogidas en los paseos y viajes que Fernando García ha realizado en los últimos meses y que descansan directamente sobre el suelo, generando un paisaje de cultivo. Sobre las cuatro paredes de esta segunda sala, se disponen dos docenas de contraventanas realizadas con madera de cajas de fruta, levemente entornadas, cuya abertura se apoya sobre palos recogidos en diferentes playas, buscando esa sensación de abrir al exterior el interior y viceversa. Este segundo espacio deja ese trayecto urbano inicial, el correspondiente a la rambla, para introducirnos en un entorno fértil pero árido y amable pero monótono, de interminables viñedos que se funden con el horizonte y sugieren una apertura del espacio expositivo a la luz y al aire exterior.

 

Entonces, la línea que comenzaba en la primera sala, realizada con cuerda y hojas de olivo, continúa su camino perdiéndose de nuevo a través de la segunda pasarela, la que interconecta los espacios dos y tres. Siguiéndola, llegamos a esa tercera estancia donde ocho grandes telas ocupan la pared principal de la sala. Todas ellas, bajo el título Sudario de Campins (I-XVIII), registran las huellas de una visita a ese municipio, en la comarca del Vallés Oriental, en los alrededores de la masía del siglo XV en que Antoni Tàpies pintó durante décadas. Las marcas registradas sobre las telas parten del gesto rápido y expresivo del propio Tápies, que se registra sobre su superficie mediante las huellas que Fernando García ha realizado disponiéndolas sobre la hierba, las piedras o la tierra de aquel lugar.

 

Este tercer espacio alberga también los trabajos Sin título (Cerámica Petanca) y Sin título (Media empananada), que dialogan con ese punto de partida del proyecto que tiene en los procesos de trabajo del estudio su interés primero. Así, ambas responden a un ejercicio meramente plástico que echa mano de objetos del día a día para configurarse como piezas y generar correspondencias tanto con las propias telas que presiden la sala como con la Puesta de sol (XII), que sale a nuestro paso cuando abandonamos este tercer espacio para dirigirnos a la salida.

 

En el vestíbulo nos encontramos, además de esa Puesta de Sol (XII), los dibujos Vino Viento (I-II), resultantes de un ejercicio en que el gesto y las connotaciones del vino con el que han sido realizados vuelve sobre el día a día y sobre la relación interior/exterior que planea sobre toda la exposición.

 

Finalmente nos encontramos seis de los Interiores (I-VI) que componen el vasto archivo fotográfico de Fernando García y que pretenden, situándose en este punto de comienzo y fin, recordarnos el porqué de todo lo que ha salido a nuestro paso durante la visita.

 

Casi a modo de colofón, la vista que este vestíbulo ofrece de las dos pasarelas que conectan los espacios, nos regala dos nuevas vistas de esa Línea de olivo que se superpone como un trazo a lápiz sobre el paisaje de la ciudad.    

 

INTERIORES se completa con un libro que verá la luz en las próximas semanas y que incluye una amplia selección de imágenes de ese archivo que Fernando García ha ido reuniendo a su paso por diferentes estudios y ciudades. Acompañando estas vistas se han incluido una selección de relatos que Ángel Calvo Ulloa, comisario de la exposición, ha planteado a partir de esa idea de interiores que centra el proyecto.

 

 

INTERIORES se presenta como una exposición mental, que cobra por momentos una presencia física, pero que nos devuelve a menudo a una imagen de ese espacio y de esa atmósfera del estudio del artista. Es un instante detenido en pleno proceso por el que poder transitar, como si de una cámara del tiempo se tratase. Del mismo modo que lo son el Atelier Brancusi en el Pompidou, el estudio de Francis Bacon en la Dublin City Gallery o el laboratorio de José Val del Omar que recreó el MNCARS; pero en este caso con un componente espiritual que nos separa de lo físico como única opción posible de introducirse en el taller; del mismo modo que Gilbert & George lo hacen al reivindicar como gesto artístico el acto de observar a través de una ventana, o el viaje de Josep Pla y su visión de un periodo histórico a través de los cristales del autobús.